miércoles, 22 de mayo de 2013

No olvidarme de mí mismo

No olvidarme de mí mismo,
ser como el tiempo siempre nuevo, 
llevar las raíces de la historia,
trazar el camino incluso desde cero.

Encontrarme en lo indispensable
de creer quien soy y quien puedo ser,
en la fortaleza de vencer el tedio, 
y su densa sombra desaparecer.

Con la voluntad que levanto
entre la infinitud desconocida
de las emociones y los sentimientos
trazar la palpitación de mi vida.   

Es mía y me pertenece
cuando siembro y cosecho
entre las circunstancias ya trazadas
las esperanzas no aniquilidas.

Y he de saber si son verdaderas
las fibras que recorren los tejidos
de mi mundo acontecido,
en la búsqueda de eliminar el sinsentido.

El pasado puede guardar
el trayecto lamentable de lo perdido
que hace del presente y del futuro
la fatalidad de lo sucesivo.

Pero es muy cobarde definir lo que es incierto
en la misma razón de la naturaleza,
es inútil a la inteligencia,
la determinación de la rendida conciencia.

Encontrar la llave que nace del interior
no es una gloria eufórica de las pasiones
es la suavidad tierna 
que sin más teje más allá su hilo.    

Quiero reconocer mis divisiones en una armonía
entre lo soñado, pensado, lo dicho y lo actuado,
y mi mayor ley y libertad
sea la autenticación de mí mismo.

Y esta tarea de Dios, de dinamizar entre la búsqueda y el encuentro, entre la perdida y la recuperación, entre el abandono y la entrega, entre la desilusión y el amor... y este amor que hace renacer toda esperanza y toda fe... toda alegría y toda lucha... el amor de sentir la vida desbordante de oportunidades para creer en que en cada hoy puedo despertar y ser yo mismo... y por ende, Tu más auténtica creación. Yo creo en el amor, yo creo en tu amor. Yo creo que así todo es mejor... ¡Absoluta e indiscutiblemente lo que conozco como todo!

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